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Domingo, 13 Septiembre 2015 00:00

Memorias del terrorismo

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Por: Julián Subverso, integrante de la Delegación de Paz FARC-EP

Cada vez que se hace alusión al 11 de septiembre, la mayoría de personas se hacen a la imagen mental de los ataques terroristas sobre las Torres Gemelas en el 2001.

Dicho evento fue vendido por todos los medios como un ataque terrorista llevado a cabo por Al-Qaeda y su líder Osama Bin Laden. De todo el anterior enunciado, solo es posible afirmar con seguridad que fue un ataque terrorista, pues todos los hallazgos e investigaciones científicas apuntan a que, al igual que el ataque a Pearl Harbor en 1941, es otra de las estrategias imperialistas para hacerse del control geoestratégico y de los recursos naturales y económicos de otras naciones. Es la llamada estrategia de la falsa bandera, práctica terrorista que ha sido utilizada, entre otros, por Hitler en Alemania en 1933, por USA en 1898 en el hundimiento del Acorazado Maine, en Pearl Harbor y en las Torres Gemelas; por España en los atentados terroristas a los trenes en Madrid en el 2004; por Inglaterra en 1915 en el hundimiento del Lusitania, etc. Esta tenebrosa estrategia consiste en llevar a cabo operaciones encubiertas conducidas por Gobiernos, corporaciones y otras organizaciones, diseñadas para aparecer ante la opinión pública como si fueran llevadas a cabo por otras entidades, grupos, países u organizaciones. Este nombre procede del concepto militar “izar colores falsos”; esto quiere decir la bandera de un país diferente al propio.

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La manipulación de la opinión nacional e internacional es llevada a cabo por medio del teatro mediático de sus medios de comunicación que hacen publicidad de testigos falsos, pruebas fraudulentas y versiones amañadas, con el fin de justificar el ataque a aquel territorio o Gobierno que se quiere invadir y saquear. Claro está, hacer creer a un pueblo entero, en este caso al pueblo en donde se lleva a cabo la falsa bandera, de que hay un enemigo, de que hay una amenaza y se ponga en función para la guerra con medidas que van desde pagar más altos impuestos para financiar la campaña bélica, hasta  aportando con sus propios hijos para engrosar las filas del Ejército, requiere una estrategia mediática, política, económica y social de implantar terror y miedo en la población, que comienza con el impacto sicológico que causa en las personas el ataque violento del atentado terrorista, golpe de estado o colapso económico y social, y que termina con la imposición de las políticas y medidas que el perpetrador exige; a esto le llamaron la doctrina del shock.

Si tomamos solo uno de estos casos, por ejemplo, el más resonado (pues esa era la idea) el de las Torres Gemelas, también llamado el 11S, basado en todas las investigaciones y pruebas que refutan toda la teoría oficial que dice que fue un ataque perpetrado por terroristas de Al-Qaeda, lo cual resulta después de estudiar bien el caso en algo insostenible, absurdo y hasta ridículo; se llega a la conclusión lógica de que el asesinato de miles de personas ese día y la posterior terapia de shock, no solo a la población estadounidense, sino además a gran parte de la población mundial, tenía como objetivo justificar lo que en realidad fue una criminal invasión yanqui a Afganistán para, más allá de su interés geoestratégico, apoderarse de sus recursos naturales y de sus campos de Amapola, los cuales producían más de la mitad de la heroína en el mundo, y cuya producción no fue precisamente eliminada, y eso, que desde entonces sus proyectos de dominación encubiertos bajo las políticas de guerra contra el narcotráfico y lucha contra el terrorismo se aunaron e impulsaron con más fuerza. Ahora el enemigo no solo era llamado comunista y por lo tanto hereje, sino que sintetizaron todo en la palabra terrorista, es decir, todo aquel que se resista a los intereses hegemónicos del capitalismo neoliberal.

Esta estrategia de intimidación social, es en principio un tratamiento psiquiátrico de origen freudiano en el cual se inducen convulsiones utilizando la electricidad y que fue extrapolado en sus principios para aplicarla a la sociedad entera, para dejarla atónita, confusa o vulnerable con fines biopolíticos. Esta clase de técnicas fueron llevadas a cabo en lo que es el primer 11S de la historia, en Chile en 1973, cuyo presidente, Salvador Allende, fue asesinado por un golpe de estado realizado por el dictador Augusto Pinochet y auspiciado y apoyado por los Estados Unidos de Nixon y su guerrerista asesor Henry Kissinger. Así, aunque el 11 de septiembre en Chile tuvo unas repercusiones terribles para ese pueblo y en general para América Latina, ya que sirvió de laboratorio para otras operaciones, como en Argentina durante las dictaduras militares, o lo que hoy pasa en Venezuela, fue y es casi invisibilizado por los medios de comunicación, ya que hubo una importante responsabilidad de USA en el terrorismo y crímenes de Estado perpetrados por la dictadura que dejo más de 3000 muertos y desaparecidos, y que a nivel económico consistía en implementar el modelo neoliberal impuesto por el FMI y que para ese momento en el mundo, directamente en la Chile de Pinochet, los Chicago Boys, la escuela neoliberal de Milton Friedman pregonaban como la panacea del progreso y la prosperidad.

Hasta ahora estas estrategias funcionaron y siguen en marcha en diferentes países del mundo. Los datos y hechos científicos que refutan las versiones oficiales de lo que ha sucedido y que clasifica dichas acciones como falsas banderas o terapias de shock, han sido catalogadas por la hegemonía mundial como teorías conspirativas, dejándolas en el imaginario social como paranoia y tonterías. Pero para quienes estudian la historia y han comprendido la lógica capitalista, la tontería sería tratar de creer que USA lleva democracia a los países que destruye y roba. Sería ingenuo y ridículo pensar que un país, que cataloga a Colombia como una democracia; que a pesar de haber sido fundado por migrantes sobre la sangre de los nativos, que rechaza y persigue los miles de pobres que son resultado de su saqueo a otras naciones y que tratan de ingresar a su territorio, le resulte difícil e inmoral masacrar y aterrorizar a su propio pueblo, con el fin de que una minoría criminal se siga enriqueciendo hasta la obscenidad. Esa es la lógica del capitalismo y de sus costumbres bárbaras.

Esa es la historia del terrorismo.

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