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El jefe de las Farc habla sobre lo que ha sido la guerra en Colombia y cómo se están preparando para la vida democrática.

SEMANA: ¿Cómo ingresó usted a las Farc?

TIMOCHENKO: Yo ingreso en el año de 1976 motivado por la situación del entorno en que vivía. Éramos una familia pobre en un pueblo pobre, de padres afectados por la época de la violencia. Mi mamá era viuda. A su primer marido lo asesinaron al frente de la casa y pues uno oía todos esos relatos y todo eso lo sensibilizaba. Uno veía las desigualdades sociales, el entorno que había en la escuela primaria. Uno veía los niños que llegaban sin desayuno, iba a la casa de ellos y sabía que no tenían para el almuerzo. Todo eso me llenaba de inquietudes. Mi mamá cultivó en mí el amor a la lectura. Ella misma me enseñó a leer, entonces yo ya sabía antes de entrar a la escuela y en esas lecturas se aclaraban algunas cosas.

SEMANA: ¿Cómo fueron esos primeros años en el monte?

T.: La actividad guerrillera común y corriente. La preparación militar, la preparación para el combate pero a la vez la formación política. Lo primero a lo que uno llega es al estudio de los estatutos y los reglamentos. El vivir en función del colectivo y el colectivo vive en función de uno.

SEMANA: ¿Usted se imaginó en algún momento llegar a ser jefe de las Farc?

T.: No, jamás. Incluso en las distintas responsabilidades que me ha tocado asumir, nunca he trabajado por ser jefe de un frente. La consigna mía desde que ingresé ha sido tratar de hacer las cosas bien. Cuando toca ranchar, tratar de ranchar bien; pagar la guardia, pagarla bien; hacer las exploraciones, tratar de hacerlas bien. En la guerrilla eso es un proceso gradual. En la medida en que a la gente se le ven cualidades, se le van dando responsabilidades.

SEMANA: ¿Con tantos años en la guerrilla, no siente que la guerra deshumaniza?

T.: Nosotros trabajamos mucho el elemento político para no deshumanizarnos. Nosotros antes que todo somos un movimiento político. Decía Jacobo Arenas: “Un hombre armado, con poder y nada en la cabeza, es sumamente peligroso”. Y por eso nosotros tenemos unos estatutos, unos reglamentos. Son duros porque van encaminados a eso, a que la gente no se desvíe.

SEMANA: ¿Con los actos de barbarie que han cometido en la guerra ustedes no se han cuestionado esa degradación?

T.: Eso lo siente uno en el momento más intenso, y cuando la gente le toca combata y combata es cuando más hay que estar pendiente. Me decía alguien “la guerra no es un poema”. La guerra es muerte, heridos, mutilados, desarraigados, desaparecidos. Eso es la guerra y por eso queremos terminarla.

SEMANA: Esa degradación de la guerra hace que hayan llegado a actos de terrorismo inaceptables como la bomba de El Nogal…

T.: Yo no quiero hablar de cosas puntuales de lo que ha sucedido. Yo creo que una de las grandes ganancias de lo que hemos logrado hasta ahora es ese escenario que se va a construir por las partes para dilucidar todo lo que ha sucedido, en qué contexto se dio y quién tiene responsabilidad. No para justificarlo, pero sí para explicarlo. En la guerra se da esa situación: está la vida del otro o la vida suya. Acá hay un grupo de gente que está haciendo lo que está haciendo en función de destruirlo a él, y al revés. En esa dinámica se dan situaciones que uno dice ojalá nunca se hubieran dado.

SEMANA: ¿Ustedes justificaron la guerra para hacer una rebelión, pero los medios que utilizaron no considera que fueron inhumanos? ¿Por ejemplo, las Farc no se arrepienten del secuestro?

T.: Es un método de financiación que se justificó en determinado momento. Nosotros necesitábamos financiarnos y encontramos ese instrumento que realmente no es el más humano y tratamos de corregirlo en la época de Belisario. Pero como el proceso no se desarrolló como estaba planteado volvimos a la confrontación. Pero hay un momento en que dijimos: hay que parar esto.

SEMANA: ¿Por qué acudieron al secuestro y no a otras opciones como el narcotráfico?

T.: No es el escenario para profundizar un tema tan sensible. Nosotros lo hemos reconocido y si decidimos suspenderlo es porque tenía un costo político muy grave, pero, además, era una acción inhumana. Usted me dice el narcotráfico, pero entonces nos estigmatizan. Nosotros nos hemos financiado de donde hay: de la ganadería, del café, donde hay plata ahí tratamos de buscar.

SEMANA: ¿Qué opinaron cuando salieron más de 5 millones de colombianos vestidos de blanco a gritar no más Farc? ¿Eso no suscitó una reflexión en las Farc sobre la validez de su lucha armada?

T.: Reflexión sí, uno reflexiona. De cómo son capaces de construir en el imaginario de la gente a partir de medias verdades. Yo no voy a decir de mentiras, pero de medias verdades. Esa es la parte en que nosotros en cierta medida estamos en desventaja porque se ha logrado imponer en la sociedad colombiana y en el mundo una narrativa distorsionada del conflicto. Se cogen medias verdades se magnifican y se nos estigmatiza. Ese es el gran reto que tenemos ahora en este proceso: tratar de llegar a una lectura objetiva y realista de lo que ha sido la confrontación. Y la parte que nos corresponde: hemos cometido errores, nos hemos equivocado. Nosotros nunca desarrollamos la guerra para generar terror a la población, a la sociedad, nosotros desarrollamos la guerra como un objetivo político. Entonces, usted no va a encontrar nunca una directriz en ese sentido. Se han dado casos, pero los hemos sancionado.

SEMANA: Ustedes pidieron perdón a las víctimas de Bojayá en un acto privado. Pero no es suficiente. ¿Ustedes planean un acto público de contrición?

T.: ¿Y por qué tiene que ser público? Las víctimas tienen derecho a definir cómo se va a realizar ese acto.

SEMANA: ¿No ve el perdón como un acto público?

T.: Nosotros hemos planteado que nos pongamos de acuerdo todos los actores del conflicto y hagamos un gran acto de contrición nacional. Es más, vamos más allá. Convocamos a todos los sectores a que hagamos un pacto de ‘nunca más’. Nunca más la utilización de las armas en la resolución de los conflictos políticos y sociales de Colombia. A eso estamos dispuestos. Lo que no estamos dispuestos es a ir a escenarios donde nos ponen contra la pared y se saquen las cosas del contexto en que se dan.

SEMANA: Pero los actos de perdón públicos son un acto de reconciliación generoso que ayuda a generar confianza. Tiene un valor muy importante…

T.: Ahí está lo de Bojayá y estamos trabajando en otros. Lo que pasa es que no queremos hacer eso a través de los medios de comunicación. Estamos trabajando por un objetivo muy importante, supremo, que ese va a ser el mejor acto en función de todo esto: la paz. Vamos a construir la paz y eso tiene varias etapas. Primero, tenemos que llegar al acuerdo.

SEMANA: Si usted hiciera una mirada autocrítica sobre lo que ha sido el conflicto, ¿cuáles cree que han sido los grandes errores de las Farc?

T.: Que les hemos creído a los dirigentes en los distintos momentos en que hemos iniciado los procesos de paz.

SEMANA: ¿No cree que el secuestro fue un error?

T.: Mirándolo desde aquí y a estas alturas, sí hombre. Si tocara volver a reiniciar, yo creo que no lo volveríamos a hacer.

SEMANA: ¿A estas alturas de la historia no cree que el tema de la lucha armada es anacrónico?

T.: La lucha armada como instrumento de la lucha popular es válida cuando las circunstancias la obligan porque se impone. La lucha armada no es válida cuando es uno el que la traslada artificialmente. Pero es que la lucha nuestra, la lucha de las Farc nace del contexto de la lucha social en Colombia. Yo digo, aquellos que no creen en la lucha armada, hombre ayudemos a crear las condiciones para que no sea necesaria. Lo que no estamos dispuestos es a renunciar a nuestras ideas, a nuestro ideario político, a la concepción que tenemos del mundo, de la vida.

SEMANA: ¿Cómo convence usted a esa sociedad que hoy todavía no les cree?

Publicado en Entrevistas

Cabezote escudo delegacion paz farc ep

La Habana, Cuba, sede de los Diálogos de Paz, noviembre 13 de 2015

En desarrollo de las “Diez propuestas mínimas para garantizar el fin del conflicto, la reconciliación nacional y la construcción de la paz estable y duradera”, se presentan diez iniciativas correspondientes a la “Normalización de la vida nacional y  la transformación de las FARC-EP en movimiento político abierto”:

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