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«La superación del capitalismo únicamente tiene un nombre, el socialismo.»

Por Gabriel Ángel

El panorama económico mundial se caracteriza por el dominio global de las gigantescas corporaciones trasnacionales dedicadas fundamentalmente a la especulación financiera. Ellas se han convertido por intermedio del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio y otras cuantas entidades multilaterales, en un verdadero gobierno de carácter planetario, que determina e impone las formas de la política, la economía, la sociedad y la cultura en todos los rincones de la Tierra. Lo único que las inspira es el ánimo de incrementar sus astronómicas ganancias para con ellas obtener a su vez más ganancias. Igual al hombre de negocios que halló El Principito en el cuarto planeta, que quería ser rico acumulando estrellas porque con ellas podría comprar más estrellas. Semejante estupidez ha sido elevada por sus propagandistas a la más importante y altruista de las actividades humanas, aunque prefiere llamársela con nombres menos dicientes como creación de riqueza o mercado de derivados.

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«El caso no es terminar con la zona de despeje sino despejar el resto del país de los verdaderos asesinos»

Por Gabriel Ángel

San Vicente del Caguán, bautizada por algunos como la capital de la zona de despeje, se encuentra por estos días en el centro de un debate nacional. Las más encumbradas cortes judiciales y el ministerio público hacen coro junto a los altos mandos militares, los voceros de los gremios de la producción, las altas jerarquías de la iglesia, los editorialistas de la gran prensa reaccionaria y múltiples representantes del parlamento y el gobierno, para afirmar de manera enfática  que no puede soportarse más el embeleco del área despejada para adelantar los diálogos con las FARC-EP.

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Por Pablo Catatumbo – integrante del secretariado de las FARC EP.


En las últimas semanas la opinión pública ha conocido importantes revelaciones de medios internacionales sobre la injerencia directa de la comunidad de inteligencia del gobierno de los Estados Unidos en nuestros asuntos internos, con gravísimas repercusiones dentro del marco de las relaciones del gobierno colombiano con países vecinos, así como en el desarrollo del conflicto social y armado que vive Colombia. 

Confirman estos documentos la gran cantidad de pronunciamientos de las FARC-EP respecto a la transnacionalización del conflicto colombiano y la creciente dependencia y servilismo de las fuerzas armadas del Estado colombiano al aparato militar estadounidense. 

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Martes, 07 Enero 2014 00:00

2 de enero, recordando al Mono

– 07/01/2014

Allá, en los recónditos parajes de la geografía colombiana, llevaremos su fe de comunista convencido de que un futuro mejor para Colombia es posible.

Por Mauricio Jaramillo

Comandante del Bloque Oriental Jorge Briceño de las FARC-EP

Pueden pasar muchos años, pero en las FARC EP, todos los 2 de enero serán un día para la remembranza, para evocar la memoria del comandante Jorge Briceño, héroe revolucionario de los agitados tiempos que corren. Procedente de la región colombiana del Sumapaz, el Mono había nacido en esta fecha, en el año 1.950, pasada la nochebuena. Los guerrilleros que compartimos con él, como para las nuevas generaciones que se forman en la escuela práctica de la confrontación, hoy recordamos su inmenso aporte al proceso revolucionario colombiano,  a la construcción de la guerrilla de las FARC EP y a la formación de sus cuadros.

La cotidianidad en la guerrilla nos ha enseñado a través de la historia, a soportar la carga de aflicción que nos traen los reveses tácticos y los golpes infligidos a las tropas guerrilleras, a nuestros cuadros. Aunque confiados en la capacidad transformadora de este partido alzado en armas, transmutamos  las derrotas en fuerza social y en multiplicidad moral para plasmar en los planes vitalidad a nuevas iniciativas.  Así sobrevivimos sin mayor congoja al aleve asesinato del camarada Jorge en la Serranía de la Macarena hace ya tres años.

No obstante, ofreceremos  el 2 de enero un día para la vida, no para la muerte, no para la tristeza. Así es y será la recordación de la obra revolucionaria del Camarada Jorge, con júbilo, porque somos el partido de la alegría, la alegría del Mono y que siempre nos transmitió. Así aspiramos ser leales  a su optimismo y su fe en el triunfo revolucionario de su pueblo, la espina dorsal de nuestro movimiento guerrillero.

El hálito de la figura del comandante Jorge Briceño se siente en la cotidianidad de las FARC EP. En su mirada escrutadora de la vida de campamento, escudriñando los pormenores del cumplimiento del orden del día;  en la crudeza de la crítica en la reunión matutina de comandantes; en la exigencia a su guardia interna y a los comandantes de Abastecimiento, Dotación y Medicamentos. El Mono había convertido las conferencias diarias y horas culturales en su alma máter para instruir la Línea de las FARC EP, impartir lineamientos partidarios, compartir información con sus tropas y corregir rígidamente las indisciplinas, ante las cuales era inflexible. No habrá un día habitual en las FARC EP donde no recordemos cualquier detalle de su vida entre nosotros. Por eso su ejemplo pertinaz para reclamar con las armas, el derecho que tienen los campesinos, los obreros, a ser Gobierno, a ser Poder en Colombia, es digno a seguir  por todos nosotros.

El Mono vivió como lo que fue: un hombre luchador, comprometido profundamente con el proceso revolucionario colombiano, un ejemplar genuino de  combatiente guerrillero. No le alcanzaba la vida para entregarla a su pueblo, a su guerrilla, y eso lo regocijaba.  Eso sí, intransigente ante los enemigos de clase, ante el soldado de la burguesía, ante los traidores a su propia clase   social. No cedía un ápice ante la amenaza a nuestros intereses, los intereses de las FARC, los intereses del Partido, los intereses del pueblo, fue su centinela  más reconocido.

Allá, en los recónditos parajes de la geografía del oriente colombiano, en sus cientos de veredas y montañas donde se encuentre un guerrillero fariano, en el ajetreo de la rancha, de las marchas guerrilleras,  en el trabajo de agricultura, en el rigor del hostigamiento y la emboscada, en  las múltiples combinaciones de formas de lucha de masas para la toma del poder para el pueblo, en los ciclos de Diálogos de paz en La Habana, llevaremos su fe de comunista colombiano convencido de que un futuro mejor para Colombia es posible, y lo construiremos: el futuro gobierno de reconstrucción nacional, democrático, pluralista, socialista.  El sueño del Mono, nuestro Mono Jojoy.

Así lo recordaremos por la fecha del 2 de enero, todos los años.

Montañas de Colombia, enero de 2014.


 

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Martes, 07 Enero 2014 00:00

La lucha incesante de la Negra

– 03/01/2014

Gracias a ella crecieron más los contingentes de mujeres y hombres que marchan tras su sueño. Eso solo ya dice que valió la pena.

Por Gabriel Ángel

Cuando niña, la Negra era llevada por días a la casa de su abuela, en la finca cercana a la de sus padres. La viejita la consentía más que su madre y le regalaba panes, que le enseñaba a picar en trocitos en la sopa antes de tomársela. Muchos años después, en las filas de las FARC, ella repetía esa costumbre aprendida en su infancia, así no se tratara del pan sino de las arepas que acompañaban el desayuno de la mañana.

La tragedia para su familia sobrevino con la entrada de los paramilitares a la región. Los continuos crímenes y matanzas los obligaron a huir, amparados por la oscuridad de la noche, hacia Norte de Santander, donde volvieron a empezar de cero. Allí, su padre, trabajando de modo infatigable, con la ayuda de su mujer y los hijos mayores, levantó poco a poco otra finca, hasta mejorar considerablemente la vida de todos.

Pero volvió a aparecer la muerte. Una noche cayeron los paramilitares a la vivienda del tío Evelio, picándolo a machete y destrozando también los cuerpos de su esposa e hijos. Nadie estaba seguro ya en esa vereda. La situación disgregó la familia. Su padre decidió buscar mejor suerte en Venezuela, mientras su madre, con algunos de sus hermanos, se fue a la ciudad. Ella, de solo 13 años quedó con un hermanito menor en el ELN.

Recuerda con cariño el año que anduvo con ellos. Le enseñaron muchas cosas, y tanto ella como su hermano gozaron siempre del mayor respeto y consideración. Después volvieron a casa con mamá. Eran los años ochenta, la situación se hacía muy complicada con la militarización creciente en Arauca, la represión del Ejército, la persecución de la Policía, y los sicarios y paramilitares. Ella y su hermano volvieron a la guerrilla.

Mientras ella ingresó a las FARC, su hermano marchó con el ELN. Las contradicciones entre las dos organizaciones revolucionarias crecieron lentamente, pero ello no incidió jamás en el cariño que se guardaban los dos hermanos. A veces pasaron varios años para volver a verse, pero cada encuentro resultaba emocionante y hermoso. Vinieron misiones, tareas, traslados de área y de frentes, combates, marchas, sufrimientos. Ahora, que ese hermano está muerto, ella se alegra por el reconcilio FARC-ELN.

Dos veces su cuerpo supo lo que era ser cruzado por las balas enemigas. Una vez en una pierna, en la toma de un puesto de Policía. Los médicos insistieron en cortársela para salvarla. Ella se opuso con terquedad suicida. Las artes providenciales de un indio la ayudaron a curarse. La otra vez fue en el abdomen, todavía conserva los círculos que dejó el proyectil al penetrar y salir.

Sus hermanos menores siguieron su ejemplo al crecer y uno tras otro fueron vinculándose a la guerrilla. Un día llegó la noticia de la muerte de uno. Después la del otro. Años después la del tercero. Otro de ellos, que no quiso ingresar fue objeto de un atentado con arma de fuego del que se salvó de milagro. Lo acusaban de ser colaborador de las guerrillas. Logró sobrevivir, pero quedó condenado a una silla de ruedas de por vida.

Después vino el fruto del amor, el embarazo. Pero durante él conoció la verdad de que su compañero, su adorado amor, mantenía otra relación paralela con otra muchacha. Sobrevinieron la separación amarga, la soledad, las lágrimas. Parió una niña que quedó con la abuela provisionalmente, mientras encontraba quién viera por ella. Al volver a filas, un poco como empezando a vivir de nuevo, la sorprendió la desgracia.

En un asalto del Ejército, cinco de sus compañeros perecieron, quedando ella como única sobreviviente. Además de  violada, fue golpeada brutalmente por la tropa. Ingresó a la cárcel, en una ciudad distante y fría, con varias costillas quebradas y otros huesos fracturados. Primero había estado presa en un poblado del Casanare, donde los paramilitares planearon asaltar la cárcel para picarla en pedacitos.

Gracias a un carcelero municipal conmovido, que corrió a dar aviso telefónico a su familia, su padre se presentó con un abogado diligente y un funcionario de la Procuraduría que consiguieron trasladarla de sitio de reclusión. Allá, en el nuevo, la Negra sufriría el descuido de las autoridades carcelarias por su salud. Hasta que apareció el brazo de las FARC en el generoso rostro de una mujer bonachona que acudió a visitarla.

El Mono se haría en adelante cargo de su situación.  Su saludo solidario significó que en unas cuantas semanas un abogado tramitara lo necesario para que fuera sometida a varias cirugías que le garantizaron las prótesis que necesitaba para recuperarse. Poco a poco terminó por tomar el hilo.  Se hizo dirigente de las reclusas, logró movilizarlas por condiciones más dignas de vida. Su temple de organizadora salió a flote.

Tras vencer otras tantas dificultades, logró traerse la hija y, entre las rejas de su celda, comenzaron a construir una entrañable relación de afecto. Hasta que creció y fue necesario que estudiara, es decir que se separaran. Una congregación religiosa se hacía cargo de casos semejantes y la niña fue a dar a un internado. Al salir la Negra de prisión, autorizada por el Mono, pasó una larga temporada con su familia y la niña.

Hasta la muerte de él, la Negra lo acompañó en sus unidades más cercanas, desempeñando tareas en una y otra parte. El extraordinario comandante reconoció con un golpe de vista sus condiciones de organizadora, admiró esa facilidad que tenía para entablar relaciones de afecto con la población civil, que aprendía a quererla en instantes. Allá conoció la noticia del asesinato de su padre en Arauca por cuenta del Ejército.

Su facilidad para ingresar muchachas y muchachos a la guerrilla era prodigiosa. Nadie llevó nunca la cuenta de cuántos fueron los guerrilleros que reclutó en cada una de las unidades en las que estuvo sirviendo. Pero fueron muchos. Había incluso varios que la llamaban mamá, y se alegraban enormemente cuando la veían. En eso era tan hábil como cavando trincheras para salir indemne de los sucesivos bombardeos.

Un día, después de sobrevivir a las conmociones más duras de la guerra, le descubrieron un cáncer muy avanzado. Ahora lucha encarnizadamente con él por su vida. Cuánto la recordamos, la queremos y hacemos fuerza por ella. Tres décadas de lucha guerrillera. Gracias a ella crecieron más los contingentes de mujeres y hombres que marchan tras su sueño. Eso solo ya dice que valió la pena. Venceremos, Negra.


 

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