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Lunes, 18 Enero 2016 00:00

La analfabetopolítica

Escrito por Julián Subverso
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Por: Julián Subverso, integrante de la delegación de paz de las FARC-EP

A pesar de los múltiples hechos de guerras civiles, rebeliones y lucha de ciertos sectores colombianos en determinados momentos de la historia del país, grandes cantidades de la población, sobre todo en el sector urbano, han practicado consciente o inconscientemente un analfabetismo político alentado y difundido por la clase dominante del país y el imperialismo mundial.

La aversión al leer, el rechazo a enterarse de lo que acontece en el mundo, a la prensa, escuchar la radio o ver noticias que informen sobre los acontecimientos políticos, sociales y económicos más importantes no solo del país que se habita, sino aún más de otros países por más cercanos o lejanos que estén, es un habito que se ha arraigado no de manera casual en las sociedades contemporáneas.

Sin duda Etienne La boétie tenía razón en su discurso sobre la servidumbre voluntaria, pero de seguro la hegemonía mundial ha desarrollado diversos mecanismos modernos para introyectar y naturalizar ese odioso y esclavizante analfabetismo político, que hace que pobres elijan ricos, que oprimidos admiren a los que siempre los han oprimido y que piensen que los banales acontecimientos de la vida de cualquier “estrella” de música, de cine o de cualquier índole de la industria cultural, sea más importante que las decisiones y acontecimientos políticos que afectan directamente su presente, su futuro y el devenir de su historia.

En Colombia después de la llamada época de la violencia, la proporción de personas en el campo y las ciudades fue a la inversa, hoy, las ciudades albergan el 70% de la población, mientras que el campo un 30%, y como todo paso dado por los opresores, tiene una finalidad que aquí no abordaremos; y de ese 70% habitante en las ciudades, una gran mayoría, a pesar de sufrir en carne propia la miseria, la inestabilidad, la zozobra, la incertidumbre, el hambre y la precariedad, viven y practican la indiferencia política en la sociedad que padecen.

Frases como: “no me interesa la política”, “eso es muy aburridor”, “yo no entiendo nada de eso”, “solo me preocupo por mi familia”, “cada loco con su tema”, “todo el mundo piensa diferente”, “eso es lo mismo de siempre”, “yo no soy político”, “el mundo no lo cambia nadie”, “el mundo cambia solo cuanto tenga que cambiar”, etc. son frases que se han arraigado dentro de la sociedad colombiana y que han llevado a un conformismo religioso que frustra y contagia.

Este sistema de analfabetopolítica arraigada no es gratuito, fue elaborado y puesto en ejecución desde hace muchos años bajo la desinformación alienante de diversiones y espectáculos construidos con el fin de distraer y  adormecer, de igual manera a través de periódicos, radio, televisión, programas, hoy aglomerados masiva y sistemáticamente bajo los mass media que, funcionando como empresas de publicidad al servicio de intereses particulares, crean realidades, enemigos, ídolos y villanos, sustentado todo esto en un ejercito de intelectuales mercenarios que trabajan al mejor postor y una educación directa e indirecta con modelos y contenidos que se alejan cada vez más de lo crítico, del humanismo y lo social, para instalarse en los despiadados terrenos de la razón instrumental del capitalismo, del lucro privado y la aceptación acrítica del orden social, creando el analfabeto político.

Es necesario, con el fin de emancipar nuestra sociedad y alcanzar el bienestar y la justicia social para todos los colombianos, que construyamos una educación diferente a la creada bajo operaciones imperialistas como la Cacique, una educación que forme seres humanos, no que los adiestre, que construya una cultura basada en la critica permanente no solo de nuestra sociedad, sus decisiones y devenires, sino además crítica con nuestras propias actuaciones, que reconcilie y evalué lo que se piensa con lo que se hace, que salga de los formalismos, que construya poder desde sus bases, una sociedad donde el tonto no sea quien lea o se interese por participar activamente de la política o que quiera entablar conversaciones respecto del acontecer social, pues es objetivamente cierto que el tonto es quien no lo hace.

No sé si apelando a una formación al estilo de la Paideía platónica, no sé si instaurando una “dictadura” educacional como lo escribía Marcuse, o quizás una pedagogía del oprimido como enseña Freire, o mejor, nutriéndonos de todos los aportes positivos de los grandes pensadores y experiencias exitosas, construyendo así nuestro propio camino, un camino a la colombiana.

Lo que si es cierto y necesario hacer en primera instancia, es despertarnos del letargo de indiferencia en el que nos han hecho caer los detentores del poder mundial y local, de espabilarnos, de empoderarnos de nuestra fuerza transformadora hoy potenciada y llevarla a su concreción revolucionaria.

Este año 2016, debe ser el de grandes movilizaciones para pueblo, el de las reivindicaciones, el del inicio de la construcción de una verdadera paz estable y duradera, el año de la constituyente, el año de la participación política de todos los sectores de la sociedad históricamente excluidos del protagonismo del acontecer nacional, debe ser el año en que todos aquellos que nunca pensaron en que la paz, la soberanía y la justicia social para todos era posible, tomen en sus manos, no solo su destino, sino todos juntos, el destino de Colombia.

Este año que comienza debe ser el del inicio de la nueva Colombia, el que traiga a la realidad el anhelo y los sueños de millones de colombianos siempre oprimidos y olvidados, el año de la toma de conciencia, de dejar atrás al analfabeto político, la incapacidad culpable y construir la Colombia nueva de poder popular, de individuos con identidad y políticamente activos, pues como siempre lo hemos sostenido, sin pueblo, no hay transformación.


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