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Jueves, 14 Enero 2016 00:00

Un intento por creer lo que nos dicen

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La locura de soñar un mundo más justo me parece mejor que el autismo de soportarlo.

Por: Gabriel Ángel

Oyendo, viendo y leyendo tantas cosas expresadas sobre nosotros por nuestros enemigos, me he preguntado hasta qué punto hemos estado ciegos, sordos y obtusos en nuestra manera de ver el mundo y la realidad que nos rodea. Por eso, porque quizás hemos sido nosotros los eternos equivocados, porque tal vez la razón ha pertenecido siempre a los otros, me permito el ejercicio de ensayar a creer lo que nos han dicho siempre que creamos, quizás sea cierto.

Es imposible tener hoy una concepción global del universo, la sociedad y la historia, tal pretensión coincide con las más ilusas utopías. Empecemos por aquí. Si cada uno posee apenas una ínfima parte de la verdad, si lo que piensa el otro puede ser tan válido como lo que creo yo, si todo es relativo y depende del punto de vista de quien lo mire, quiere eso decir que la única ley que domina lo existente es el caos absoluto y que cada uno se arregla en él como puede.

Siendo así la sociedad no es otra cosa que el desorden total, en el que cada uno hace cuanto le viene en gana, pensando exclusivamente en su propio interés. Lo que significa, ni más ni menos, el imperio del más fuerte, la ley de la selva, que el que tiene más saliva come más harina. Para probarlo podríamos argüir que lo vemos en la realidad cotidiana en todas partes.  Lo cual no excluiría la validez de que los más débiles se unan para no dejarse aplastar.

Y que se hagan a su propia manera de ver las cosas, y luego procuren imponerla a los otros. Así que me digo que terminamos regresando al mismo punto inicial, aun partiendo de la base caótica que lo rige todo. Por ejemplo, si la razón siempre estuvo del lado de los traficantes de esclavos, si lo que hicieron fue forzar a pueblos atrasados a vincularse al progreso y la civilización, y eso legitima su proceder, pues la rebelión de los esclavos contra sus amos tampoco carece de lógica.

Se trataba de pueblos y culturas invadidas y vilipendiadas, que incluso en su inferioridad técnica aspiraban a que los dejaran vivir tranquilos en su mundo. Se me dirá que fueron vencidos y sometidos, y por tanto no tenían otra alternativa que aceptarlo todo o perecer como seres inferiores. También podría decir que eso no es cierto. Los africanos terminaron por expulsar de sus países a los colonialistas europeos y por tanto se vale su resistencia de hoy al imperialismo.

Comienzo a creer de nuevo que sí puede existir una lógica de los humillados, tan válida o más que la de sus opresores. Pero bueno, supongamos que no es suficiente aún. Apelemos a otro ejemplo que nos suele ser restregado como paradigma de nuestra sinrazón. El hundimiento de la Unión Soviética, de Europa del Este y en general de todas las experiencias comunistas en Asia. ¿Acaso el vetusto marxismo leninismo no es la mejor prueba del fracaso del metarelato?

Entonces es completamente falso que exista la lucha de clases, quizás el mayor mito revolucionario. Nada más mentiroso que la religión es el opio del pueblo. De dementes aquello de que la violencia ha sido la partera de la historia. De imbéciles creer que el capitalismo será derribado un día y sustituido por un orden socialista. Las nuevas generaciones, que suelen ser bautizadas con las últimas letras del alfabeto, ven más claro que nadie esas verdades.

Así que es hora de que nosotros, los viejos, los caducos guerrilleros, entendamos que el mundo cambió y que todas las bases en las que sostuvimos nuestros sueños desaparecieron, que estamos en el aire, que debemos convertirnos al budismo zen, el evangelio o cualquiera otra secta de esas que pululan en el mundo del caos, y encontrar así nuestro pequeño lugar en este orden, absurdo o no, pero el único posible pues lo conquistaron los más poderosos con su esfuerzo.

Vi en imágenes de televisión que los policías argentinos reprimían con porras y balas de goma a miles de trabajadores que reclamaban por haber sido despedidos. Y no es que diga que hay que creer todo lo que muestra la tele. Y que el gobierno de Corea del Norte tras su ensayo con la bomba de hidrógeno convidó, ahí sí, a los Estados Unidos a conversar de paz. Y que fanáticos musulmanes siguen poniendo bombas y matando gente a montones por todas partes.

O sea que la lucha de clases continúa, que sólo desde posiciones de fuerza es posible obtener algún respeto por parte de los poderes dominantes, que la religión sigue jugando un papel enajenante y mucha gente continúa matando erradamente por ella. Leí que jóvenes comunistas argentinos convocan a un campamento mundial juvenil en Santa fe, para pronunciarse y unirse en la lucha contra el capital y por el socialismo. O sea que sí hay jóvenes combativos.

Entiendo que en muchos países europeos crece desbordadamente el desempleo, que aumentan los pobres, que miles y miles pierden sus casas por no tener cómo pagar su hipoteca, que la derecha neoliberal comienza a verse en apuros para sostenerse en los gobiernos, porque aparecieron por ahí movimientos políticos alternativos, en los que muchísima gente comienza a ver una esperanza. Todos se expresan contra el dominio del capital financiero transnacional.

Hasta donde mi necia cabeza me admite pensar, me parece que el marxismo se construyó sobre la base de que era absolutamente imprescindible transformar el mundo. Y es lo que proclaman ambientalistas de todos los países, aterrados ante las adversidades del calentamiento global y el cambio climático. No sé, pero todo eso comienza a parecérseme mucho al discurso leninista contra el  imperialismo. Incluso hasta al de la revolución mundial del renegado Trosky. 

Y qué tal los millones de africanos que migran a Europa para no morir de hambre, o los que llegan del medio oriente huyéndole a la guerra. O las epidemias de sida y ébola que los asuelan año a año. La URSS y demás pudieron hundirse, pero fueron pese a todo los más grandes alzamientos de de la historia de la humanidad, para poner fin a todas las atrocidades que produce el capitalismo. La locura de soñar un mundo más justo me parece mejor que el autismo de soportarlo.

Los crímenes del capitalismo, que son de los capitalistas, son de lejos inmensamente superiores en cantidad y crueldad a los cometidos por quienes han intentado liberarse de ellos. Sin considerar que buena parte de los que se les imputan a estos, son responsabilidad más bien de aquellos que los provocaron. Ni haciendo el intento de creer en la verdad del discurso dominante, logra uno torcer la terca realidad para creerlo. La lucha tiene su puesto y nosotros también en ella.

Montañas de Colombia, 14 de enero de 2016.


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Gabriel Ángel

Guerrillero Fariano, escritor revolucionario.

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