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Jueves, 08 Octubre 2015 00:00

Guerrilleras y guerrilleros heroicos

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Sólo por referirme a lo que la memoria extrae con prisa para la elaboración de una nota urgente, podría mencionar algunos que he conocido.
Por Gabriel Ángel

El 8 de octubre, como tributo a la memoria de Ernesto Guevara de La Serna, revolucionario argentino, cubano, latinoamericano y mundial, se celebra el Día del Guerrillero Heroico, conmemorando a su vez su cobarde asesinato, ordenado por los gobiernos norteamericano y boliviano, con el que se pretendió evitar que el Che se transformara en un mito universal, en una leyenda que sirviera de aliento y ejemplo a los pueblos del mundo.

Ninguno de los propósitos del imperialismo y la burguesía dominantes en Bolivia logró materializarse en los hechos. El Che Guevara, retratado hecho cadáver para todo el orbe, aun con el brillo apagado en su mirada, se irguió incontenible, transformado en un gigante de generosa sonrisa, para colarse en el recuerdo, el corazón y la conciencia de centenares de millones de mujeres y hombres que lo consagraron eternamente a la justicia y la vida.

El puñado de camaradas que logró sobrevivir a su fracaso en los Andes bolivianos, pudo parecer a su vez la imagen de una derrota, aplaudida rápida y alborozadamente por las oligarquías gobernantes en Centro y Suramérica. Su testimonio, sin embargo, habría de tomar la dimensión de una epopeya, que sumada al conocimiento general del diario del Comandante, se constituiría en inspiración y ejemplo para miles y miles de jóvenes del continente.

El grito de rebeldía universal encarnado por la revolución cubana, al frente de la cual descollaba con sobrados méritos Fidel Castro, ya había encontrado eco en buena parte del tercer mundo, y con independencia de lo que con una mirada ligera pueda pensarse al respecto, una multitud abigarrada de focos guerrilleros brotaron en un esfuerzo casi universal de los pueblos, por liberarse de una vez por todas de las cadenas de la explotación y el oprobio.

En medio de las tinieblas que agobiaban nuestras repúblicas bananeras, resplandece de repente la imagen del Che Guevara, símbolo imperecedero de la lucha por la verdad, la igualdad y la justicia, llamando a la revolución de la que nacerán un mundo y un ser humano nuevos. Como Bolívar, que marchó con su ejército a independizar otros pueblos, el Che partía de Cuba a cumplir con su deber de combatir al imperialismo donde quiera que esté. Y se le fue la vida en ello.

Cuántas almas estremeció con su heroísmo. Pero sólo por referirme a lo que la memoria extrae con prisa para la elaboración de una nota urgente, podría mencionar algunos de los combatientes de las FARC-EP, que siempre lo tuvieron como referente para sus acciones y que también entregaron la vida enfrentando a los mismos enemigos. Son ellos todos guerrilleros heroicos, insignias del pueblo de Colombia, de la humanidad entera.

No me referiré a Manuel Marulanda, de quien apenas nacidas las FARC hizo el Che un gran elogio en sus escritos, ni a Jacobo Arenas, con quien intercambió ideas en los primeros días de la revolución cubana, ni a Alfonso Cano, Raúl Reyes e Iván Ríos, quienes siempre lo admiraron profundamente. Tampoco a Jorge Briceño, El Mono, cuya solo boina con estrella dorada nos revela el arquetipo del revolucionario que soñó alguna vez igualar.

En cambio recordaré a otros combatientes que permanecen en el anonimato, quizás como pruebas irrefutables de que la historia la hacen los pueblos y no sus dirigentes, certeza que la mayoría solemos olvidar cuando nos encontramos de frente con el tamaño de ciertos y excepcionales personajes. Quizás incluso sean más heroicos estos hombres y mujeres que lo sacrificaron todo por la causa, sabiendo que no serían recordados como importantes.

A Marcos Sánchez y su compañera Johana los capturó la Policía de Fundación, Magdalena. Sus cuerpos, a manera de escarnio, con siete tiros en la cabeza cada uno, fueron arrojados en la trocha que conducía a los filos de la Sierra Nevada de Santa Marta. Giovanni se llamaba el muchacho campesino que entraba al mismo Frente con tres millones de pesos, tras cumplir una misión afuera. Capturado en un retén por el Ejército, fue desaparecido para siempre.

Génder, guerrillero del 40 Frente, que sabía contar chistes con gracia inigualable, formaba parte de un comando que seguía el Ejército en las selvas del Caquetá. Nadie supo más de él, tras la cerrada balacera que se produjo al toparse con un batallón de contraguerrilla. Karina, en el área de La Julia, tras el permiso concedido, recién había llegado de visitar a su madre, que vivía en esa zona, cuando murió en un choque frontal con la tropa por el parque Tinigua.

Cuando llegó el Ejército, Campos, de la Luis Pardo, atendía la visita de su padre en una vivienda campesina cercana al lugar donde se acampaba su unidad. El anciano, con los ojos llenos de lágrimas, fue testigo de la forma en que su hijo combatió solo contra la tropa hasta morir. El día de su cumpleaños, Marleny, junto con sus cinco acompañantes, murieron en Santander, tras pelear durante horas con el batallón que rodeó la casa deshabitada donde descansaban.

Camila, la negrita cienaguera que extrañaba el mar, murió combatiendo al Ejército en el Caquetá, tras negarse a dejar solo el cadáver de su compañero que unos momentos antes había caído a su lado. A Luciano, del Frente 20, lo aniquilaron con sus acompañantes en una cañada, cuando la tropa que los cercaba la bombardeó con mortero en forma incesante. Tras rematarla con un tiro en la cabeza, los soldados desnudaron el cuerpo de Sandra 12 para admirar su belleza.

A ellas y ellos, a los miles de mujeres y de hombres caídas y caídos en esta larga lucha, nuestro sentido homenaje en su día. Hasta la victoria siempre.

Montañas de Colombia, 8 de octubre de 2015.


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Gabriel Ángel

Guerrillero Fariano, escritor revolucionario.

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