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Domingo, 06 Septiembre 2015 00:00

Nunca olvidar

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En homenaje a Yira Castro

 

Los hechos históricos alguien debe contarlos o escribirlos. Hay miles de guerrilleras anónimas que han ofrendado su vida por esta causa y no tenemos derecho a olvidar. A las nuevas generaciones de guerrilleras y guerrilleros que van ingresando les debemos enseñar a resaltar las fechas y a conmemorar a los caídos. Debemos ser autocríticos y mejorar para nuestro bien como humanistas que somos.

Mi relato va dedicado a mi hermana menor. Por cariño le llamábamos la “negra”, no por negra sino por ser más trigueña. Linda y rebelde, esto lo mostraba desde chica. Su nombre de pila era Claudia patricia Gutiérrez Villada. Recuerdo que para molestarla le cantaban la canción de Noel “burro” mocho: de que le pasa a Claudia, y ella soltaba el llanto, estaba muy chica, su estudio fue poco, a fuerza de lidia la primaria.

Creció con muchas necesidades pero también con ilusiones. Los tiempos eran difíciles por la orfandad y la desintegración de la familia. Quiso andar, conocer el país, trabajar quizá de empleada doméstica, jornaleando, o que sé yo. ¿Qué otro trabajo podría encontrar en medio de su juventud y dificultades? En un país capitalista se espera lo peor para nuestras familias.

En el año 89, en enero, nos encontrábamos por la región de Tierralta, Córdoba, por la vereda Cajones, terminando una serie de cursos que se habían planeado, después de haber participado en la toma del de Saisa, la base del ejército, puesto de policía y los pájaros (paramilitares), de paso nos reconciliábamos en el accionar con los compañeros del EPL, ya era la tercera acción que realizábamos en conjunto después de parar los enfrentamientos con ellos en esa época.

Nos disponíamos a realizar las clausuras de aquellos cursos y de paso celebrar el fin de año, que no lo habíamos celebrado esperando terminar lo planeado. Se hacen los preparativos: leña, rancheros, licor, alojamiento para los invitados, armerillo, cantina etc. Se respiraba alegría por doquier. A mí me correspondió ser el encargado de la recepción para atender los civiles al mando de una escuadra (12 hombres). Tratamos de hacerlo de la mejor manera como se acostumbra en las FARC. Recuerdo que en esos días los EE.UU. bombardearon a Gadafi, Presidente de Libia, y le habían matado una hija, por mi seudónimo por supuesto me molestaban la vida.

No sabíamos ni quién o cuántos eran los invitados, la misión era recibir a todos lo civiles que llegaran al campamento, y eso hacíamos; yo ni me imaginaba la sorpresa que me llevaría aquella tarde. Recibiendo los compañeros, me encuentro con mi hermana menor que llegaba desde Urabá a esta fiesta. Le pregunté como hizo para darse cuenta, quién la invitó. Me dijo: Yo no vengo sola, también viene Erney su mujer en la civil. En esos instantes llegó la madre de mi hijo, las atendí a las dos y las lleve al alojamiento. A Erney le dije que al otro día hablábamos bien, que había pasado mucha agua por debajo del puente. Yo tenía novia y algunos problemas con Salomón Gonzales que era el mando del frente y en momentos difíciles hay que robarle una sonrisa a las calamidades.

Después de esta clausura hablé bien con mi hermana sobre su vida, sobre nuestras vidas, y acordamos que lo mejor para ella era que se quedara conmigo en la guerrilla. Ella paso por el curso básico y en con el devenir de los años adquirió conocimientos de cartografía y enfermería. Su buen desempeño la llevo a asumir funciones de mando. Tuvo dos hijos que desafortunadamente nunca conocí y menos sé de su paradero.

La guerra es trágica y eso lo sabemos todos. En el año de 1996 por el mes de febrero, se encontraba en la compañía de orden público al mando de Ariel Frita, en el 18 frente de las FARC-EP. La unidad estaba combatiendo con los paramilitares del corregimiento la Caucana, del departamento de Antioquia. En horas de la mañana combatieron con los paras y nos habían causado un herido que estaba bajo cuidado de mi hermana, en la vereda La Fresquería. En la tarde son sorprendidos por los paras, se arma el combate nuevamente, y mi hermana sacando al herido es herida y no puede salir con los demás camaradas, ella se esconde pero el enemigo la encuentra en el registro.

Mi hermana no era cobarde, no se entregaría por nada, por eso enfrentó al enemigo y murió combatiendo. Su legado deja en alto el nombre de la familia, y no deja dudas que murió por la causa empuñando las banderas de las FARC-EP, quería un mundo mejor lleno de oportunidades y de libertades, amaba la paz con justicia y siguió el camino de la “Pola”.

En su memoria escribo estas palabras, para recordarla, para que no se me olvide, para que no se nos olvide el costo que ha pagado el pueblo de Colombia luchando por la paz.


URL corto: http://goo.gl/BEO7Ak

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Omar Gadaffy

Integrante de la Delegación de Paz de las FARC-EP

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