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Miércoles, 15 Julio 2015 00:00

Falsos positivos y la “Teoría de la Seguridad Nacional”

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Los autores de los llamados falsos positivos en Colombia no son unas pocas manzanas podridas, al interior de las Fuerzas Militares, como lo han querido hacer creer los gobiernos de turno y la alta cúpula militar. Es una política que se enmarca dentro del contexto de la Teoría de la Seguridad Nacional, los conceptos del enemigo interno, Guerra Preventiva o Guerra Fría.

La Doctrina de la Seguridad Nacional encuentra sus antecedentes en el continente americano a partir de 1.828, antes del fallecimiento del Libertador Simón Bolívar. Terratenientes de la época financiaban y armaban a bandas de civiles para cuidar sus propiedades; fue el inicio de la doctrina paramilitar y empezaron los asesinatos sistematizados de indígenas y afros; encarcelaban y juzgaban a gente inocente con el único fin de apoderarse de las tierras y ensanchar sus haciendas.

Los asesinatos ahora conocidos como falsos positivos no son exclusivos de los dos gobiernos de Uribe, tampoco de los dos gobiernos de Santos; ha sido una práctica macabra de vieja data, incrustada en la clase política y las Fuerzas Militares   bajo el nombre de “Teoría de la Seguridad Nacional”.

Con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1.948 se dio inicio a una cruenta guerra; todos los historiadores coinciden que hubo más de 300.000 muertos entre 1.948 y 1.953. Si por esa época a alguien se le hubiera ocurrido hablar de falsos positivos, seguramente la historia contará decenas de miles de falsos positivos, pero no fue así, solamente se empieza a hablar de falsos positivos en la era Uribe y la era Santos, de ahí hacia atrás está en la impunidad. Nadie se ha atrevido a decir cuántos miles de personas fueron ejecutadas extrajudicialmente en campos y ciudades, cuántos miles fueron encarcelados y condenados injustamente.

El argumento de que los falsos positivos y ejecuciones extrajudiciales son obra de unas manzanas podridas, o soldados y suboficiales que se salen del marco de la Constitución, al interior de las Fuerzas Militares, parece estar derrumbándose. Recientemente la Fiscalía abrió investigación a 20 generales, involucrados en falsos positivos, unos ya en retiro y otros en servicio activo, como el caso de los generales Juan Pablo Rodríguez Barragán, comandante de las fuerzas militares, y el general Jaime Lasprilla, comandante del Ejército. El general Mario Montoya (R), quien dirigió la Operación Orión en la Comuna 13 de Medellín en octubre del año 2002, involucrado en paramilitarismo y falsos positivos.

La ONG Human Rights Watch denunció y afirmó los hechos, de tal modo que el presidente Santos no tuvo otra alternativa que retirar al General Barragán y al general Lasprilla, el pasado 6 de julio, de la jefatura de las Fuerzas Militares.

Las investigaciones y detenciones hasta ahora solo cobijan a varios miles de soldados y suboficiales y a unos pocos coroneles juzgados y condenados. Hasta el momento no aparece ningún general, tampoco empresarios y políticos como actores intelectuales de estas horrendas prácticas.

Mas de cinco mil investigaciones están en curso, según dijo la Fiscalía, pero ninguna ha concluido con una condena a un alto oficial. Y lo más vergonzoso es que no ha tocado a integrantes de la clase política que han sido y siguen siendo los verdaderos autores y actores intelectuales del “Terrorismo de Estado” como doctrina y práctica criminal para acallar la protesta social.

Los falsos positivos hacen parte de ese pulpo de mil cabezas que ha sido la “Doctrina de la Seguridad Nacional” y el “Terrorismo de Estado” que tanto niegan las clases políticas colombianas.

Medios alternativos, investigadores, ONGs y la misma Fiscalía colombiana han denunciado que todos los batallones, brigadas, divisiones, y las mismas fuerzas policiacas están involucradas en falsos positivos a lo largo y ancho de la geografía colombiana. Hay denuncias bien documentadas de 3.000 falsos positivos en la era Uribe y en la era Santos. Como también se sabe que por cada civil ejecutado extrajudicialmente se paga $ 3.800.000 al comandante de la unidad militar que entregue el falso positivo, dineros que salen de los llamados “fondos reservados de las Fuerzas Militares”, y como dicen los campesinos, la pita se está desenvolviendo y por fin está tocando a los altos mandos militares, pero los verdaderos responsables andan libres en las calles: la clase política y el empresariado.

Los falsos positivos están encadenados a las masacres selectivas, desapariciones y desplazamientos desde hace mas de cinco décadas. Las Fuerzas Militares han sido un instrumento dócil y vergonzoso de un Estado dirigido por una clase política fascista que ha implementado la “Doctrina de la Seguridad Nacional” como única herramienta de terror para combatir y masacrar a la oposición política.


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Walter Mendoza

Columnista del Miercoles
Integrante de la Delegación de Paz de las FARC-EP

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