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Viernes, 05 Junio 2015 00:00

Exorcismo mediático

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s2smodern

Esta semana, el comandante Timoleón Jiménez criticó en una carta abierta, publicada en la página www.farc-ep.co la forma en que ciertos medios en Colombia ejercen el periodismo. Sus observaciones fueron comentadas, a su vez, por un escritor anónimo, amigo del Espectador, en la versión digital de la revista Semana, bajo el título: Las ‘clases’ de periodismo de las FARC.

El escritor está claramente irritado por las palabras del comandante, porque siente que un “cabecilla de las FARC” no debería dictar “cátedra de periodismo”.

El artículo respira indignación e incredulidad. Me hizo recordar una comunicación de radio que interceptamos en el 2010, en la cual se escuchaba un copiloto de un helicóptero quejándose porque la guerrilla lo recibió con plomo y las balas le partieron la ventana, ¡solo la ventana! El copiloto, creyéndose seguro arriba en el aire, no podía creer lo que le acababa de pasar, y repetía: ¡esto es absurdo! ¡Absurdo! ¡Esto no puede ser! ¡Me dieron!

Lo recuerdo, porque el copiloto y el escritor del artículo en Semana sufren del mismo complejo de superioridad, que hace que subestiman sobremanera al adversario o al oponente político. Los ‘alias’ no tienen derecho a opinar, ni mucho menos criticar. Los medios en Colombia se creen también intocables, y su molestia cuando resulta lo contrario, es enorme.

Según el autor, las observaciones del comandante Timoleón son descabelladas, absurdas. Da a entender que las FARC-EP somos tan arrogantes, que nos creemos con derecho de decirles a los medios cómo y qué decir sobre la guerrilla y sus integrantes. Su mensaje, en últimas, es que nadie puede ni debe decirles a los medios qué pensar ni qué escribir, porque son autónomos: Viva La Libertad De Prensa.

Resulta que hay unas reglas básicas del periodismo, que en la prensa colombiana son irrespetadas diariamente. No soy una estudiosa del tema, ni creo en la neutralidad, pero si uno compara la cobertura del Tiempo o de Semana con The Guardian o Der Spiegel, se ve claramente la diferencia. En cualquier periódico o revista que se respete, al menos queda claro si es un artículo de opinión o una noticia y al menos hay quién firme los artículos cuando de opiniones se trata.

En la prensa colombiana los hechos noticiosos son mezclados con opiniones que no son presentadas como tal y por las cuales nadie responde.

En Colombia, para las noticias de orden público, se toma como fuente al Ejército, la Policía, la Fiscalía o el Ministerio de Defensa. No se investigan los hechos; lo que digan estas fuentes es La Verdad. A veces me pregunto: ¿por qué tuvo que pasar tanto tiempo para que se descubriera la política sistemática de los falsos positivos? ¿Por qué nadie verificaba la procedencia de los guerrilleros caídos en combate, cómo cayeron y en qué circunstancias?

Si el Ejército dijo que fuimos las FARC, fuimos las FARC. Si luego las FARC o las comunidades de la zona desmienten, no vale la pena difundirlo. Esto ha pasado durante años: collar bomba, niña muerta por granada en Corinto, burro bomba en el Cauca, el campesino al que le cosieron la boca con alambre en el Cauca... Lo primero que haría cualquier estudiante de primer semestre de periodismo, es preguntarle a los supuestos autores de los hechos o a las comunidades afectadas qué opinan. En Colombia no suele pasar eso, todo lo contrario: las comunidades salen a hablar pero no encuentran micrófonos.

No estamos pidiendo que se nos trate con guantes de seda, ni que escriban lo que nosotros digamos. Pero sí nos parece que, como cualquier ciudadano, les podemos exigir a los medios de comunicación seriedad, rigor investigativo y responsabilidad social. Y claro, un poco de ética, aunque sea un poco.


URL corto: http://goo.gl/uLSpNK

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Alexandra Nariño

Columnista del Viernes
(Tanja Nijmeijer) Guerrillera Internacionalista de las FARC-EP, Integrante de la Delegación de Paz de las FARC-EP. 
En tuiter: @Tanja_FARC

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