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Martes, 26 Mayo 2015 00:00

Un sencillo homenaje a Gilberto Becerro

Escrito por Maritza Sánchez
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Por Maritza Sánchez - Integrante de la Delegación de Paz de las FARC

Quiero empezar diciendo que los guerrilleros sentimos profundamente el asesinato de Gilberto, comandante del 57 Frente de las FARC, en una cobarde emboscada de los enemigos de la paz en el Rio Atrato ocurrida el 27 de febrero del 2015.

Un hombre que participó decisivamente en la liberación de un General adversario y sus acompañantes, no debió morir de esa manera. Es como decir, así paga el diablo a quien bien le sirve.

becerro.jpgDe este buen Comandante guerrillero deseo compartir mis vivencias personales bajo su mando. Un día le preguntamos por qué su apellido Becerro. Riéndose nos contó que había ingresado a las FARC desde muy temprana edad, y que una vez atravesando el páramo de Sumapaz con un equipo de campaña muy pesado, se encalambró. Entonces, siguiendo una costumbre de los campesinos de la región, le pegaron con un correa para que se le calentara la sangre, lo cual, por supuesto le dolió y lo hizo llorar. Lloraba como un becerrito. Y desde ese momento quedó bautizado con el sobrenombre de “Becerro”. Claro, que sus compañeros “mamagallistas” o bromistas -que abundan en las FARC-, inventaron muchas historias sobre el origen de su apellido.

Cuando lo vi por primera vez él ya era el comandante del 36 Frente. Personalmente lo distinguí siendo una niña por los lados de Anorí, donde vivía con mis padres. Yo tenía tan solo 9 años, pero recuerdo que en mi pueblo lo admiraban y lo querían porque era muy respetuoso con la gente y siempre fue visto como un hombre que luchaba por la paz con justicia social para Colombia, con la vida si era preciso, tal como ocurrió a comienzos de este año.

Gilberto fue mi primer comandante cuando ingresé a las FARC, ya siendo una adolescente a finales de 1988, y quiero recordarlo hoy como el revolucionario que siempre fue. No fue un Narcotraficante, no fue un asesino, menos un terrorista como lo difunden los medios de comunicación. Al contrario él fue y sigue siendo para nuestra organización y el pueblo que nos ama, un ser extraordinario que luchó hasta entregar su vida por ver una Colombia Nueva, con verdadera democracia y vida digna para todos.

En el 89 luego del curso básico que nos dictó el comandante Guevara a 45 guerrilleros (un buen maestro), nos llevaron a un campamento llamado El Gallo. Nuestra alegría fue inmensa porque sabíamos que allí nos esperaba Gilberto, un hombre de piel trigueña, alto, delgado. Guevara nos formó para dar parte del curso al comandante del Frente, el cual era Gilberto. Él nos mandó ponernos a discreción y ordenó que nos repartieran limonada; ya nos tenían camarotes organizados, nos asignaron caletas y luego nos mandaron a baño a una quebrada. A las 17:00 nos formaron a todos junto a los guerrilleros antiguos. Nos sentíamos felices de saber que ya estábamos haciendo parte de la guardia del camarada. Nos recibió con verdadero amor y cariño, y nos brindó la confianza suficiente para que le planteáramos cualquier problema, sugerencia o reclamo que tuviéramos. A mí, y a tres compañeros más, nos anexó a su unidad.

Del Gallo salimos para una acción contra el ejército en Tarazá (Antioquia), en la que participaron guerrilleros de los Frentes 35, 36 y 18 de las FARC y combatientes del ELN. Fue mi primera experiencia de combate. Tuvimos bajas y no logramos copar el objetivo. El enemigo también tuvo muchas bajas, pero jamás nos alegramos de esto. Gilberto nos decía que era triste que nos matáramos entre nosotros mismos, hijos del mismo pueblo pobre, mientras los hijos de los grandes ricos vivían tranquilos en las ciudades y el exterior estudiando con facilidad, y sin los peligros de la guerra.

Él fue un hombre con mucha moral, y lo mas lindo de esto, era que se la trasmitía a sus unidades. Siempre quiso que sus tropas estuviéramos al tanto de las noticias del país, nos informaba todo lo que sucedía en las FARC, daba oportunidades de salir adelante siempre. Y nos decía: los nuevos cuadros son ustedes; aprendan de todo un poquito. Fue así que tuvimos oportunidad de recibir diferentes cursos, como enfermería, explosivos, cartografía, organización política, fuerzas especiales, comunicaciones de radio, etc. Pero lo más importante de esto, es que él siempre estuvo al frente de todo, dándose a querer de los guerrilleros, de la población, de los niños, ancianos, de todos en general. Siempre anduve con él durante mis primeros 7 años de guerra. Fue un buen maestro en lo militar y en lo político, siempre nos exigía disciplina, estudiar, portarnos bien con las masas. Fui enfermera del frente donde él se encontraba; después me envió a la unidad del camarada Efraín Guzmán.

Nos volvimos a encontrar en el 1998 por los lados de Urrao, Antioquia. Fue una alegría inmensa para los dos. Conversamos bastante, siempre me aconsejaba, como un padre a su hija. De ahí el salió para el área del 36 frente y la unidad del camarada Guzmán salió para Urabá. Más tarde nos reencontramos en Santo Tomás, volteando para el río Sinú. Iba asignado al quinto frente; en ese entonces nos desplazábamos a una acción contra los paramilitares en Santa Rita, Ituango. Fue emocionante volverme a encontrar con el hombre que me había dado mi formación como guerrillera. Estábamos en una crisis tremenda de economía y de logística, pero lo que uno resalta es la moral del personal, y de aquel hombre que llegaba en esa situación. Nos tocó en el mismo grupo de asalto a los “paras”. Salimos bien. Recuperamos muchas armas.

En el 2000 salí para el Perijá. Nos despedimos con un gran abrazo y un apretón de manos, muy fuerte y diciéndome: nos encontraremos muy pronto, saludo a los camaradas.

En octubre del 2014, estando yo en La Habana integrando la Delegación de Paz de las FARC, me envió saludos y un detalle para mí de mucho valor, el cual conservo con cariño. Muy contenta de saber que aquel comandante que había tenido hacía muchos años aun se recordaba de aquella tropa que había compartido momentos tan difíciles a su lado y que había salvado vidas, gracias a sus enseñanzas como gran maestro. Siempre añoré reencontrarme con el comandante que me acogió con afecto y comprensión en las filas guerrilleras, pero la locura guerrerista de un régimen injusto, le arrebató la vida, en una emboscada traicionera y como siempre ocurre, no satisfecho con matarlo físicamente, pretendió matarle también su prestigio, acusándolo mentirosamente de jefe narco. Protesto por esta maldad del gobierno Santos y por la forma impune y descarada con la que manipula a la opinión. Hoy quiero rendir homenaje a un auténtico guerrero nacido del pueblo, a un hombre consecuente que fue capaz de entregar su vida por los derechos de los más pobres a vivir en paz, como seres humanos, con participación política, con empleo y salario justo, salud y educación gratuitas, vivienda y soberanía.

Gilberto Becerro vive en la lucha de las FARC y de su pueblo. Hasta siempre, buen comandante.


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