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Miércoles, 01 Octubre 2014 00:00

El derecho a soñar

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– 30/09/2014POSTED IN: ARTÍCULOS Y OPINIÓN

«Los que nos llaman terroristas son los mismos que a mansalva, en medio de la noche, mientras dormimos, nos sueltan encima bombas de 500 libras»

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Por Pablo 57

Bloque Iván Ríos

El  revolucionario es en esencia un soñador, pero un soñador con los pies en el suelo y la mirada en el horizonte, un soñador que lo arriesga todo, hasta la propia vida, en busca de esos sueños, con la firme intención, con la clara convicción de convertirlos en realidad.  Eso somos los guerrilleros de las FARC Ejército del Pueblo, unos convencidos de que por medio de la lucha revolucionaria, con la participación directa del pueblo, conseguiremos los cambios, las transformaciones  de las estructuras económicas, sociales y políticas que beneficien a las grandes mayorías de los colombianos, a los cuales históricamente se les ha negado todo.

Hoy, según nuestros enemigos de clase, ya no somos revolucionarios, ni guerrilleros. Ayer nos llamaban subversivos, bandoleros, chusma, y otra cantidad de epítetos que no vale la pena repetir. Hoy nos llaman terroristas. Lo dicen nuestros enemigos, los enemigos del bienestar de los pueblo.

El enemigo siempre habla mal de su adversario, siempre está tratando de descalificarlo, de reducirlo a la más mínima expresión tanto política como ideológica. El gobierno colombiano, la clase política, el establecimiento en general, pretenden infructuosamente vender al mundo que este es el país de las maravillas, que aquí no hay razón para la existencia de movimientos guerrilleros, que en Colombia no hay problemas de salud, educación, vivienda, empleo, que la gente no se muere de hambre en este país.  Que aquí no existen la persecución política ni los crímenes de Estado, que en Colombia no se despoja a nadie del producto de su trabajo.

Con estadísticas maquilladas sobre empleo, niveles de pobreza, cobertura en salud y educación, creen resolver los problemas del país. Cuando hay  sectores del departamento del  Chocó en las que el analfabetismo alcanza hasta el 80% de la población,  cuando en Antioquia,  la más educada, consigue uno veredas, comunidades sin escuelas o en mejor de los casos apenas con sitios donde atender estudiantes que más parecen una porqueriza.

Los revolucionarios, los guerrilleros seguimos soñando con un país, con una Colombia sin analfabetismo, sin niños que se mueren en las puertas de los hospitales por falta de atención, o de física hambre. Seguimos soñando con la justicia social y no vamos a renunciar a esos sueños porque son nuestra razón de ser. Quienes hoy nos llaman terroristas, no solo judicializan  a quien levanta su voz para exigir solución a sus necesidades más sentidas, sino que despojan y asesinan impunemente a sus opositores .

Los que se atreven a llamarnos terroristas porque no claudicamos ante sus pretensiones, son los mismos que liquidaron a punta de bala una alternativa política como la Unión Patriótica, los mismos que están rompiendo y estigmatizando la nueva esperanza política del pueblo, la  Marcha Patriótica.

La burguesía colombiana, los capitalistas nacionales y extranjeros empeñados en que abandonemos nuestros sueños de justicia  social, no muestran el más mínimo gesto de querer cambiar, de modificar sus costumbres políticas de sacrificar un poco sus ganancias para  invertir en la solución  de los problemas más sentidos de la gente.

Hablan de desarrollo y progreso porque hay avenidas y puentes lujosos, edificios inteligentes, metros y transmilenios, aeropuertos modernos y cómodos para empresarios e inversionistas extranjeros, pero los albañiles, los trabajadores no tienen donde vivir o viven en pocilgas miserables, los campesinos de hacha y machete no cuentan  con viviendas dignas.

Los que nos llaman terroristas son los mismos que a mansalva, en medio de la noche, mientras dormimos, nos sueltan encima bombas de 500 libras y despedazan nuestros cuerpos que luego arrojan a la basura. Los mismos que  no saben qué entregar a los familiares que van a reclamar  esos cadáveres,  como pasó con las víctimas del bombardeo de río Murry, en Vigía del Fuerte, el pasado 11 de julio.

Ellos, los verdaderos terroristas, están convencidos que de esa manera van a destruir nuestros sueños, nuestras esperanzas de un futro de dignidad. Se equivocan una vez más. En las FARC-EP no tenemos sangre de traidores, entendemos bien que la reinserción que ellos promueven es traición.  Otra cosa es la posibilidad de acuerdos en la actual coyuntura de diálogos de La Habana, los cuales estaremos pendientes de que se cumplan por parte del Establecimiento. Dichos acuerdos  deben beneficiar a la mayoría del pueblo colombiano. Pero eso ha de verse, hasta ahora sólo se ve arrogancia y bravuconería del gobierno, puro tilín tilín y nada de paletas.

Mientras tanto seguimos en la brega en la lucha incansable por hacer realidad nuestros sueños de justicia de vida con dignidad en todos los escenarios habidos y por haber.

Montañas de Colombia, 27 de septiembre de 2014.


URL corto: http://goo.gl/M3LnuK

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