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Lunes, 11 Agosto 2014 00:00

Somos una arteria vital de las víctimas

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«Las FARC-EP surgieron de las víctimas de la represión de las clases dominantes, a esta organización han llegado  varias generaciones victimizadas persiguiendo el restablecimiento de sus derechos conculcados»
Por: Rubén Zamora

En el Foro Nacional de Víctimas, en medio de cierto desorden organizativo y algunos brotes de intransigencia de sectores militares y oficialistas, se expresaron las más agudas contradicciones de la sociedad colombiana. No obstante, luego de intensos debates, se impuso el criterio de que la reivindicación de las víctimas pasa por una salida política a esta larga confrontación armada. A la zaga van quedando quienes pretenden escamotear las conversaciones de paz y perpetuar esta guerra de la que se alimentan.

Quisieran convencernos que los responsables de la guerra y de millones de víctimas, somos quienes nos alzamos en armas para no dejarnos expulsar de nuestros territorios, quienes nos negamos a morir en la falsa democracia del genocidio político o a vivir con la cerviz inclinada y sin conciencia en el país del latifundio y de los apabullantes poderes empresariales nacionales y multinacionales, recicladores de activos del narcotráfico. Quisieran convencernos que ha sido inicuo resistir contra su depredador modelo económico y social. Como si resistir contra las fuerzas represivas de un establecimiento deshumanizado y cipayo mereciera algún arrepentimiento.

Se escamotean porque decimos la verdad, y a ello le llaman arrogancia. Así la verdad les cause roncha, la seguiremos diciendo. Jamás nos arrepentiremos de luchar en la clandestinidad y de llevar el título de insurgentes. Estamos claros que las oligarquías no perdonan que las pobrerías se rebelen contra sus injusticias y por consecuencia tenemos esta guerra y todas las infamias que nos dicen. 

Ahora bien, ¿desde cuándo los partidos políticos de las élites dominantes tienen solvencia moral para hablar en nombre de las víctimas? Lo hacen con tal vehemencia, que parecen impolutos querubines celestiales. Como si no halaran una larga tradición de violencia y por su intermedio el narco-paramilitarismo  no hubiera elegido a tantos de sus integrantes al Parlamento nacional, a altos cargos del Estado y en los poderes públicos territoriales.   Ahí se les ve decir que la prioridad ahora son las llamadas “víctimas de las FARC”, como si no existiera una larga lista de víctimas del terrorismo de Estado, como si la ley de justicia y paz no fuera el más grande manto de impunidad a las masacres paramilitares, mandatadas muchas veces por altos oficiales de la Fuerzas Militares y de la Policía Nacional, por caciques políticos o empresarios nacionales y multinacionales. ¿A caso no gritan al cielo cuando se reclama un relato a fondo de la historia del conflicto armado?

Nos parece pertinente esclarecer bajo qué criterio los combatientes de las fuerzas del régimen podrían ser consideradas víctimas del conflicto. Fue el mismo régimen quien les negó la condición de prisioneros de guerra que pudo darles el temprano beneficio de la libertad mediante un acuerdo de intercambio humanitario.  Ese mismo régimen los ha lanzado a una guerra en que las reglas del DIH se convierten en letra muerta. Quisieran cercenar de la memoria que la Fuerza Pública ha presentado a miles de civiles como guerrilleros muertos en combate. Quienes promueven el movimiento de “víctimas de las FARC”, jamás se han solidarizado con las víctimas del terrorismo de Estado y del paramilitarismo. Han justificado crímenes de Estado y hasta sindican a representantes de Naciones Unidas en Colombia de ser cómplices de la guerrilla. 

Los personeros del régimen hacen abstracción de la realidad para negar que las generaciones de combatientes guerrilleros que nos mantenemos alzados en armas descendemos de las víctimas de la violencia de los partidos tradicionales y del terrorismo de Estado.  En ese contexto, la libertad de prensa equivale a la libertad de encubrir a los victimarios que han hecho de las suyas con la violencia política y las injustas medidas económicas que entregan grandes tajos de la soberanía nacional al capital multinacional y, al mismo tiempo, derrochan miles de millones de dólares en la guerra y la corrupción.

Si se está discutiendo el tema de las víctimas es porque la ley de víctimas ha sido inútil respecto al beneficio que debieran tener las pobrerías afectadas por el terrorismo de Estado y por el terrorismo económico que imponen las élites en el poder. En realidad, la deuda con las víctimas no ha empezado a saldarse y la discusión de este tema es tan asimétrica como la guerra.  Porque queremos justicia y reparación a las víctimas es que hemos insistido que se debe esclarecer la verdad de la historia del conflicto, sus causas y sus consecuencias. Los derechos de las víctimas están más allá de la ley de víctimas y de la maniobra de sometimiento del marco jurídico y su justicia transicional. Los verdaderos derechos de las víctimas deben construirse con ellas, empezando por recuperar todos los bienes despojados, sus derechos políticos, económicos, sociales y culturales. Que no se queden en letra muerta, sino que tengan vigor en la aplicación de las políticas de Estado que ellas mismas ayuden a diseñar  y a implementar.

Si de verdad se quiere la paz, debemos imaginarnos como salir de esta encrucijada sin estimular más odio y resentimiento, sin pretender que un acuerdo de paz implique la derrota de la contraparte a la que se le impone el statu quo y su visión de justicia transicional. Caso en el cual, los insurgentes  van a la cárcel y los de siempre siguen amasando las mismas formas de gobernar y de hacer fortuna. ¡No señor! Un acuerdo de paz debe proponerse crear las condiciones estructurales para subsanar las heridas de la guerra y eliminar definitivamente sus causas.


URL corto: http://goo.gl/IcGJsa

 

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Rubén Zamora

Integrante de la Delegación de Paz de las FARC-EP.
Email: rubenzamor87@gmail.com

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