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Martes, 10 Diciembre 2013 00:00

El procurador se está pasando

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El viaje del procurador Ordóñez a La Haya para que desde allí se frene al Gobierno Nacional si se le va la mano en indultos y amnistías, en lo que ahora se llama justicia transicional, es lo último de su desorbitada actuación en el ministerio público.

Por: Lorenzo Madrigal

Lorenzo MadrigalSe diría que es el Laureano Gómez de este tiempo, pero, a nuestro juicio y el de quienes admiramos la trayectoria histórica del líder conservador del siglo XX, la comparación no es exacta. Diría que se parecen físicamente. Me dice un dibujante cercano que al delinear a Ordóñez, aunque no lo consigue definitivamente, la pluma se le desvía hacia las facciones, que él conoce de memoria, del temperante, que no intemperante, de “San Juan de Luz”, la finca de recreo, donde “él” tomaba el sol, en tibio paraje cundinamarqués.

Poner la queja fuera del país y precisamente ante la Corte que acaba de sancionar malamente a nuestra Nación, infligiéndole una pérdida territorial de magnitud inesperada, es impropio de su dignidad como funcionario y de su lealtad como colombiano.

Los intereses legítimos de la justicia que le son encomendados al jefe del ministerio público deambulan en la esfera nacional y no sirven para actuar cual acusetas escolar del país en los ámbitos internacionales. Salir a defendernos era lo propio; salir a acusarnos es inaceptable.

La paz que se pretende sin la remisión de los pecados de la guerrilla y aun los propios del Estado legítimo, es imposible de imaginar. De Cuba no salen Márquez, París y compañeros a una cárcel ni a nada que se le parezca. Su desafío, por injusto y despiadado que haya sido, fue de dimensión revolucionaria y de contra-Estado, lo que inevitablemente les da, y a fe que lo han conseguido, una calidad deliberante, regida por Ginebra y otros estatutos mayores. Esta es la paz de Santos, gústenos o no; lo pésimo es que éste la haya asociado con su propia reelección, desvirtuando el sentido unidireccional de la paz por sí misma, como valor intangible.

Lo que seguiría, además de la reelección y del consiguiente Nobel en Estocolmo, es un posconflicto, asaz conflictivo. Es hora de mirar a Sudáfrica, aunque nuestro caso no fue racial y si se quiere ha sido más cruel y de incontables víctimas, a fin de conseguir un camino que sabemos bordeado de abismos, pero apto para transitar hacia un futuro esperanzador. El tiempo borrará las heridas. Cuando todo haya pasado, los hijos de los malos se criarán buenos y vaya uno a saber si los hijos de los que vemos como buenos se convertirán en los malos de una historia, que será siempre controversial.

En pasado escrito confundí puntos cardinales: el horrendo muro de ladrillo, que remata la iglesia de Chapinero, está ubicado en el costado sur de la misma, no en el oriental. No fui yo, diría que la iglesia está al través. Vaya.

Lorenzo Madrigal | Elespectador.com


 

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