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Viernes, 16 Agosto 2013 00:00

PERIFERIA entrevistó al comandante Pastor Alape sobre el proceso de paz

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Fuente: Periferia Prensa


El pasado mes de junio, el comandante Pastor Alape, integrante del Secretariado Nacional de las FARC-EP, concedió al diario alternativo Periferia la entrevista que leerán a continuación. En pocas líneas el comandante Alape le expone al país su visión sobre los Diálogos de Paz que adelanta nuestra organización, al tiempo que ratifica la unidad de las FARC-EP y su indoblegable voluntad política en torno a la búsqueda de la Paz y la reconciliación para los colombianos.


A través de la comisión negociadora de las Farc, en la Habana, Cuba, Periferia obtuvo entrevista con uno de los miembros del secretariado de las Farc. Desconocido para muchos, Pastor Alape es un guerrillero curtido por más de 30 años de militancia en esa organización. Les compartimos a nuestros lectores la visión de un comandante más del secretariado.

 ¿Cuál es la lectura de las Farc del contexto actual en el proceso de paz?
Hay una crisis del modelo imperante que se profundiza cada día a causa de la voracidad con que ese modelo agota los recursos naturales, deteriora el medio ambiente, explota en forma despiadada a los trabajadores y acelera el consumismo, empujando al fin de la supervivencia en el planeta, ahondando las desigualdades sociales. El hambre y la miseria impuestas por ese modelo azotan brutalmente a más de 30 millones de compatriotas.

Se restringen con saña los derechos políticos, económicos, sociales y culturales. Hay una sociedad que ha sido sistemáticamente atemorizada y violentada por todas las formas de terror que ha establecido el Estado, pero es una sociedad que viene ascendiendo en conciencia política y que se viene movilizando contra el terror y la opresión que ha impuesto la oligarquía colombiana.

La búsqueda de la solución política al conflicto social y armado que vive Colombia es parte de nuestra estrategia política. No hacemos la guerra por la guerra. Hemos sido lanzados a participar en la resistencia armada que históricamente se ha desarrollado en Colombia y, ahora, nuevamente estamos actuantes en la mesa de conversaciones por la paz de Colombia con el gobierno de Juan Manuel Santos, con la convicción de que el futuro del país es la paz con justicia social.


¿Este es un proceso de negociación o de diálogos?
Lo concebimos como un proceso de búsqueda de la solución política, donde el puerto de llegada obligatoriamente tiene que ser un tratado serio, que despeje los caminos de la reconciliación y la reconstrucción de la nación, para construir la paz con justicia social.


¿Están las Farc dispuestas a desmovilizarse?
Estamos dispuestos a hacer lo necesario para que podamos, en unión de todos los anhelos de paz que se manifiestan poderosamente en el país, construir una nueva esperanza para la patria, que permita a los oprimidos enterrar la injusticia, la desigualdad, el terror y la violencia secular que han impuesto las élites gobernantes.


¿Cómo juega la experiencia de la UP, en su apuesta de participación política?
El tratado de paz tiene que establecer las garantías que permitan el ejercicio pleno de todos los derechos políticos de los colombianos, afirmar una verdadera democracia, empezando por establecer un mecanismo electoral sustancialmente democrático y participativo, que desmonte el nido de corrupción que le caracteriza.


¿Qué garantías se requieren para que eso pueda suceder?
El desmonte de todos los mecanismos de terror parainstitucional que ha implementado el régimen para aniquilar a la oposición política; participación efectiva en igualdad de condiciones de todas las fuerzas políticas en los mecanismos comunicacionales; establecer un nuevo régimen electoral que garantice la participación de todos los sectores políticos en igualdad de condiciones y erradique los vicios y la corrupción que caracterizan al vigente; desmonte de la doctrina de seguridad del Estado y que se proscriba la concepción del enemigo interno, que se descriminalice y se despenalice la protesta social y el derecho a hacer oposición.


¿Cuáles son los aspectos que están dispuestos a acordar con el gobierno?
La construcción del camino de la paz está en dependencia de la capacidad de movilización de la nación para obligar a los promotores de la guerra a abrir las puertas de la paz. El gobierno ha defendido en la mesa su estrategia de paz dentro del esquema de sometimiento y desmovilización de la insurgencia, pero en la medida que el diálogo avanza hemos podido lograr acuerdos en el primer punto, en lo que tiene que ver con la tierra y el mundo de la ruralidad.

Todavía hay desacuerdos que consideramos podremos superar. Somos optimistas y creemos que todos los puntos pactados en la agenda serán evacuados con resultados positivos para la construcción de la paz. No queremos entregar mensajes desalentadores, colocando barreras, o amenazas como ha sido la costumbre del gobierno en la voz de sus funcionarios; creemos que el hecho de estar en la mesa compromete a las dos partes a un gran esfuerzo por encontrar las fórmulas de cómo superar las causas que han originado y alimentado el conflicto. Lo que sí dejamos claro es que no estamos en la mesa para pactar nuestra rendición.


¿Si hay acuerdo, qué va a pasar en adelante con la lucha política de las Farc?
Todos los esfuerzos son por lograr un verdadero tratado de paz, que abra el horizonte de la justicia social, la participación política en igualdad de condiciones de todos los actores políticos nacionales, de garantías para las luchas sociales y del movimiento popular, de equidad informativa y comunicacional, del derecho a la sindicalización de todos los trabajadores, de democratización de las fuerzas armadas y de policía, desligándolas de la corrupción y del paramilitarismo, haciéndolas respetuosas de los derechos humanos. En esas condiciones, la actividad política de las FARC-EP será amplia, en el escenario público, orientada a buscar las transformaciones que reclaman los humildes de la patria.


Si no se llega a ningún acuerdo; ¿qué harán ante una eventual arremetida del régimen?
Creemos en la inmensa capacidad de movilización del pueblo para imponer la salida política al conflicto, creemos que la movilización de todos los colombianos obligará al régimen a mantenerse en el camino de la solución política. Todas las salidas de orden militar para aniquilar a la insurgencia han fracasado y seguirán fracasando, la guerra no es el camino para acallar la inconformidad que asciende a diario, ya es la hora de parar la guerra y pasar a la arquitectura de la paz con justicia social.


¿El eventual fracaso en los acuerdos podría afectar la moral de los combatientes?
El combatiente guerrillero se crece moralmente en la confrontación, en el sacrificio, y si se llegará a imponer la voluntad de las poderosas minorías, que se alimentan del conflicto, sobre las mayorías, que lo padecen, la lógica insurgente se disparará para reafirmar que a esta oligarquía colombiana no la abandona su mezquindad, que sólo le interesa profundizar la barbarie. Pero, por encima de cualquier adversidad, seguiremos desarrollando nuestras acciones en dirección a lograr la paz, no pararemos en ese esfuerzo, porque es el clamor que recogemos en la interlocución con el pueblo.


¿Debe variar el papel de la guerrilla tradicional en un contexto como el de hoy?
La guerrilla es una fuerza revolucionaria en constante crecimiento de experiencias políticas y trasformación operativa y organizacional. Es una fuerza que asimila radicalmente, revolucionariamente, sus errores y profundiza en sus aciertos, que se aferra a las esperanzas de las masas y responde a ellas, que aprende a luchar con el pueblo y asume con humildad la crítica y el aporte de ese pueblo, que políticamente responde a los anhelos de todos los desposeídos de Colombia.


¿Cómo entiende las Farc la paz?
Sencillo. Un país donde la gente pueda vivir sin la preocupación constante de que va a ser detenido, encarcelado, torturado o asesinado porque piensa distinto a los gobernantes, o ser amenazado y desplazado de la tierra porque hay poderosos que se quieren beneficiar de ella. Un país donde se viva sin la incertidumbre de qué será el desayuno de mañana porque no hay un centavo en el bolsillo, o en dónde se va a guarnecer la familia porque no tiene vivienda.

Donde no se mire a las niñas y niños prostituidos o mendicantes en las calles bajo la mirada indolente de la sociedad y sus gobernantes, donde la angustia de no poder acceder a la educación no acose a la juventud. Donde no haya que mendigar en una larga fila para que le entreguen la misma pastilla de siempre que establece el perverso sistema de salud imperante; donde la labranza campesina tenga futuro y no esté bajo la amenaza de ser aniquilada por los efectos de los tratados de libre comercio; donde se pueda sufragar libremente sin la coerción de la promesa del puesto de trabajo o la amenaza de perderlo. En fin, sencillamente, un país floreciendo en justicia social.


¿Qué papel juega aquí el movimiento social y popular?
El movimiento social y popular tiene retos muy grandes porque es quien en la práctica tiene el poder para producir los cambios que necesita Colombia, porque representa los sectores que sienten el peso del conflicto en sus hombros, en su existencia diaria, es quien enfrenta el terror de las políticas económicas, jurídicas y sociales que aplican los diferentes gobernantes. Su unidad y movilización será una de las fuerzas que permitirán avanzar hacia una paz verdadera.


¿Cómo sería posible visibilizar a las Farc sin instrumentalizar al movimiento social y popular?
El movimiento social y popular tiene su propia dinámica y la formidable experiencia que ha acumulado seguramente le irá mostrando la urgente necesidad de tomar rutas de mayor coordinación y unificación hacia un poderoso frente contra el modelo imperante. Siempre respetamos sus decisiones, que casi siempre son guía de nuestro quehacer político.


¿Por qué las Farc y el ELN no han podido adelantar acuerdos de unidad de acción?
Es una pregunta difícil, porque cada fuerza argumentamos razones respetables. Pero sí podemos afirmar que nos ha faltado mayor visión; la inmadurez y el sectarismo nos han afectado seriamente. Por fortuna, estamos haciendo grandes esfuerzos en ambos lados para despojarnos de estas taras tan agobiantes y que tanto daño le han hecho a las esperanzas de cambio que sueña la nación. En muchas áreas se ha fortalecido esa unidad desde la base, la confianza se ha nutrido y si las bases siguen marchando en esa dirección, para las dirigencias será más fácil emprender acciones para que se materialice el mandato de la militancia.


¿Si las Farc llega a un acuerdo con el gobierno, que creen que le espera al ELN?
Los compañeros tienen su propia experiencia y compromiso de lucha por la paz y no se irán a quedar de brazos cruzados. Ellos están desarrollando su propia dinámica y seguramente ejecutaran las acciones necesarias para que el proceso llegue a un punto de encuentro. Nuestro compromiso también va en esa dirección, porque la verdadera paz tendrá que ser con todas las fuerzas que enfrentamos al régimen, de lo contrario la nación no logrará el objetivo.


¿Están las Farc unificadas alrededor del actual proceso de paz?
La unidad en las FARC-EP es una realidad incuestionable. El cuento de unas FARC atomizadas sólo está en los deseos de la oligarquía.


¿Qué mensaje les dan las Farc a los colombianos frente a este proceso de paz?
Todas nuestras energías, experiencias e iniciativas están a disposición de la construcción de una nueva nación. Nuestro empeño es marchar con los marginados de siempre, los demócratas y revolucionarios, intelectuales, comunicadores, campesinos y trabajadores de la ciudad y el campo, las mujeres y la juventud hacia la reconciliación y la reconstrucción nacional. Estamos acompañando a todos los colombianos que se suman a todas las manifestaciones por la paz con justicia social que recorre al país, esperanzados en que es posible salir de esta larga y oscura noche de violencia que han impuesto los poderosos e invitamos a quienes no se han manifestado a hacerlo con todas las energías que reclama la patria.

 

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