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Martes, 26 Abril 2016 16:08

El dinero de las FARC: ¿cortina de humo? Destacado

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Los Papeles de Panamá fueron una terapia de shock de medio segundo. Fue como cuando el viento levanta la falda de una muchacha en la calle. Ella, avergonzada, pone las manos sobre la falda para bajarla y mira de reojo, cachetes ardientes, en su alrededor: ¿quién vio?

¿Quién lo vio? El escándalo alrededor de Mossack Fonseca no era para que hubiera pasado de moda así de rápido. Dejó al descubierto una vez más que la corrupción es a la vez consecuencia y pilar fundamental del capitalismo desde siempre. Dejó ver que la corrupción y el fraude no son problema de “algunos países”, generalmente del tercer mundo, como fue presentado durante mucho tiempo, sino que es un problema sistémico que involucra a gran parte de la élite mundial.

Y que produce víctimas. La evasión de impuestos a una escala tan grande como nos revelaron los Papeles de Panamá, crea una desigualdad con millones de víctimas en el mundo, principalmente en los países pobres, aunque también en los países de Europa sale perjudicada la gente del común. Que no hay presupuesto para la educación, para la salud, para la cultura; que hay que pagar más IVA; que hay que recortar gastos… Resulta que el dinero sí está, ¡solo que se encuentra en un templo de Sésamo al otro lado del océano, libre de impuestos!

Pero no nos sentimos víctimas de la corrupción. Vemos a las élites usurpando riquezas y a los pobres comiendo miseria, y nos produce una vaga sensación de que hay algo que no está bien. Protestamos contra ella, pero no deja de ser un crimen abstracto, cometido por un señor X. Por algo se llaman crímenes de cuello blanco: son limpias, invisibles, fríamente calculados.

El ex director de la DIAN, Juan Ricardo Ortega, estimó en una entrevista con Caracol Radio que las élites de Colombia tienen 100 mil millones de dólares ocultos en paraísos fiscales; 600 mil sociedades fachada creadas en Panamá para evadir impuestos y alrededor de 800 mil colombianos (y supongo que colombianas, también) que aparecen en los papeles de Panamá.

100 mil millones de dólares vienen siendo más de la cuarta parte del PIB de Colombia, que es de 378,4 mil millones de dólares. ¡Una cuarta parte del PIB en paraísos fiscales!

Por lo tanto, no se trata de un escándalo menor. Mucho menos si tenemos en cuenta que Colombia, según lo expresó el economista Thomas Piketty recientemente en la Universidad Externado de Colombia, es uno de los países más desiguales del mundo, “mucho más allá de lo que puede llegar a ser justificable en una sociedad”.

Los evasores fiscales se roban el presupuesto de salud, de educación, los planes de paz, los planes de infraestructuras, el agua potable. Para justificarse, se esconden detrás de la ley, equiparando “lo legal” con “lo ético”, amparados en este juego por los gobiernos del mundo, porque son también los políticos, sus familias y sus círculos sociales los que se benefician de todo este negocio. Ahí se completa el cuadro.

Pensaría uno que los impuestos sobre los 100 mil millones de dólares podrían aportar significativamente a la construcción de la Nueva Colombia del posacuerdo. Lo único que se necesita para atacar este fenómeno de los paraísos fiscales es… voluntad política. Para encubrir el hecho de que esa voluntad política no existe, hay que inventar cortinas de humo. 

He aquí entonces la razón del por qué resulta ser muchísimo más grave la sospecha de posesión de un dinero por parte de las FARC, que según The Economist nunca ha podido ser probada a pesar de numerosas investigaciones por diversas agencias - hecho incluso confirmado por el propio presidente - que la millonaria evasión de impuestos por parte de las élites.

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Alexandra Nariño

Columnista del Viernes
(Tanja Nijmeijer) Guerrillera Internacionalista de las FARC-EP, Integrante de la Delegación de Paz de las FARC-EP. 
En tuiter: @Tanja_FARC

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